Transición

Por: Karla P. García E.

Consultor jurídico y estudiante de lingüística por la Universidad Autónoma Metropolitana.
Twitter: @rulodelamar

El proceso de transición es un tema recurrente desde el inicio de las elecciones en México, sin duda la jornada electoral de 2018 no ha sido la más polémica en la historia del país, aunque cabe subrayar que a ninguna se le pudo atribuir la transición de un gobierno casi autócrata a uno más democrático, por medio de las instituciones, la legalidad y el sufragio como esta.

Que si bien, aún nos encontramos distantes de un gobierno de izquierda, podemos notar la amplia diferencia entre la toma de posesión del sexenio anterior y la actual, basta con ver las manifestaciones durante el primero de diciembre del 2012 [1], y la participación histórica de una multitud sosegada que se observó el 1 de julio del 2018 [2] , es evidente que existe una mayor correlación en cambios a modelos democráticos posteriores a una casi dictadura, como lo hemos visto en diferentes países latinoamericanos.

La transición ha tenido un gran impacto debido a la representación que logró el partido del presidente electo en todo el país, debido a que a mayor representatividad mayor heterogeneidad en la toma de decisiones. Esto podría significar una reconstrucción de las instituciones, además de subrayar que se ha visto mayor inclusión de la ciudadanía por medio de los consensos realizados.

No obstante, las condicionantes que influyen para transitar a un verdadero cambio son diversas, el sujeto se desenvuelve en el medio y desde luego éste determina las conductas, pero también lo hace la individualidad, lo que deja de lado la intervención de las complejas estructuras que nos rodean, el proceso de cambio no radica en la única figura de poder, sería preciso hablar de una madurez política que se deberá construir y dar continuidad, allanando diferencias, colaborando con nuestros pares, construyendo proyectos y propuestas. Por lo que es nuestro deber como ciudadanos, politizarnos e involucrarnos, participar y movilizarnos, desde la autocrítica.

Quizás la transición sea gradual y apenas perceptible, no obstante, la participación ciudadana ha sido significativa y después de todo un gran comienzo. Podría significar un proceso de recuperación del proceso electoral democrático que requerirá tiempo para concretarse sin caer en la enajenación política, abarcando un completo análisis del fenómeno desde distintos enfoques.

Deberá constituirse una cultura política basada en el respeto y tolerancia a la opinión disidente, en donde las contiendas sean resueltas pacíficamente y mediante consultas o elecciones, pese a que exista una ruptura debe producirse una dinámica innovadora política en la cual la multiplicidad de ideologías confluya en una opción política renovadora, que la discrepancia y la retroalimentación proyecten la transformación política y social cada vez más necesaria.

[1] https://elpais.com/internacional/2012/12/01/actualidad/1354380408_471003.html

[2] https://elpais.com/internacional/2018/07/01/actualidad/1530402875_373000.html

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